Deconstrucción: estrategia y experiencia

por: Guillermo Preciado

A thinker with a method has already decided how to proceed, is unable to give him

or herself up to the matter of thought in hand, is a functionary of the criteria

which structure his or her conceptual gestures.

– Richard Beardsworth

La complejidad de (tratar de) definir el concepto de deconstrucción lo hace evidente Nicholas Royle al denunciar la serie de ambigüedades que se encierran en la definición que hace de la palabra el Chambers Dictionary, en su edición de 1993. Royle, volviendo una y otra vez al texto “Carta a un amigo japonés”, de Derrida, sostiene, entre otras cosas, que la concepción de la deconstrucción que se reproduce en el Chambers Dictionary, en su aprehensión como método y aplicación, es sencillamente imprecisa, pues no obedece a lo que ésta sería –si es que la deconstrucción se puede catalogar como algo–, ni produce, toda vez que un método presupone una determinada manera de pensar, anterior al acometimiento estratégico-deconstructivo del objeto en cuestión. La deconstrucción, empero, se inscribe más en el espacio de la desedimentación, de la descomposición, apuntando a la tachadura, que implica pensar el concepto sin la lógica de su presencia como ente, sino como marcas, como huellas (esto se explica más adelante). Habitamos, entonces, un terreno anterior, o más bien tachado, del signo, que será fundamental en la argumentación en lo tocante a la ecodeconstrucción.

Es en este sentido, el de la determinación negativa de las significaciones de la deconstrucción, según Derrida, es decir, lo que no “es” la deconstrucción, con la que éste principia su texto citado, aunque más en su vertiente lingüística y filológica, y resaltando las connotaciones divergentes que el concepto solía significar en relación a la novedad conceptual derridiana2. Recordar que la palabra Destruktion se le encuentra en “Ser y tiempo” de Heidegger, aunque con un matiz nietzscheano del que Derrida no se aleja completamente, pero que sí resignifica mediante una investidura estructuralista y, al mismo tiempo, antiestructuralista3, a cuyo cauce ulterior también se integrarían otros pensadores franceses (Barthes, Lacan, Foucault) y que devendría finalmente en el movimiento postestructuralista.

Pareciera, regresando al tema, como si la especificidad de la deconstrucción se alejara de todo intento de clausurar su significante en un significado estático, y fuera más del orden del movimiento, de lo dinámico, de lo irrepresentable, pero a la vez de lo lúdico, es decir, de la invención de un lenguaje (la misma palabra-significante deconstrucción, de alguna manera, evidencia esto), y de, para ser más precisos, una escritura, una gramatología, que descentralizara todo significado trascendental. Porque “la ausencia de significado trascendental extiende hasta el infinito el campo y el juego de la significación”4.

La desconstrucción constituye, entonces, un esfuerzo de tachadura de los conceptos metafísicos, y cuya estrategia no comprende su utópica superación, en términos hegelianos, (eso sería, además, habitar perpetuamente en su juego, ya que no se buscaría sino anhelar la síntesis), más bien lo que realiza es su tachadura, la de sus conceptos5, su lenguaje, de su presencia fonocéntrica en tanto que ente que determina la naturaleza ontológica, a veces jerárquica, de la categorización de las cosas. Estas cualidades propias de la deconstrucción, que podríamos asimilar como “destructivas”, las matiza el mismo Derrida al decir que:

Destabilization is required for «progress» as well. And the «de–» of deconstruction signifies not the demolition of what is constructing itself, but rather what remains to be thought beyond the constructivist or destructionist scheme”6.

La deconstrucción se constituye en virtud, también, de su ausencia de determinación o limitación en un campo disciplinario o teórico. En otras palabras, la deconstrucción no apunta al lenguaje en tanto sistema de habla y/o lengua, sino que se abre y le interpela la experiencia en general. Por eso el adagio derridiano il n´y a pas de hors-texte se entiende bajo la consideración de que lo circundante, en lo local y en el horizonte de las posibilidades, está matizado de forma pantextualista.7

En esta tesitura, y cifrando varios perspectivas del curso en un aforismo, nos aventuraríamos a significar a la deconstrucción como una operación meta-textual que articula en sí y para sí misma una lectura que es, de facto, una sobre-escritura operando en el todo (en el entorno) entendido como texto, y, simultáneamente, un movimiento epistolar perpetuo entre la presencia y la ausencia, entre el signo y el signo del signo, entre la huella y el hecho.

1 Richard Beardsworth, cita en Royle, Nicholas, “What is deconstruction”, p. 5

2 Derrida, Jacques, “Carta a un amigo japonés”, trad. de Cristina de Peretti, en Derrida, Jacques, El tiempo de una tesis: deconstrucción e implicaciones conceptuales, Barcelona, Proyecto A Ediciones, 1997, pp. 23-27, p. 24.

3 Ibíd., 2.

4 Derrida, Jacques, “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas”, en Derrida, Jacques, La escritura y la diferencia, Trad. de Patricio Peñalver, Barcelona, Anthropos, p. 383-401, p. 385.

5 Pereyra, Guillermo, Foro sobre Jacques Derrida, 25 de Mayo de 2015, <http://maquinadeescribir.17edu.org/mod/forum/discuss.php?d=8695> (visitada en Abril de 2017).

6 Cita de Jacques Derrida en Royle, Nicholas, “What is deconstruction”,, p. 7.

7 Ibíd., p. 8.

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