El futuro es hoy

por: Hugo Welti Peláez

Construida sobre los cimientos del neoliberalismo e impulsada por la innovación tecnológica, la globalización es una máquina que transporta a la humanidad al nuevo orden mundial. Pero sus plazas son limitadas y en ellas no caben todos. El manual de uso es complicado y está escrito en el idioma global que paradójicamente no todos comprenden. Aquellos que no puedan seguirle la marcha corren el riesgo de quedar olvidados en el limbo del rezago.

Definir el concepto de globalización resulta ser una tarea complicada dada la complejidad del fenómeno. El Fondo Monetario Internacional menciona que “este término hace alusión al desplazamiento de personas (mano de obra) y la transferencia de conocimientos (tecnología) a través de las fronteras internacionales” y que “la globalización abarca además aspectos culturales, políticos y ambientales más amplios” (2000). La globalización es entonces un fenómeno multidimensional de interdependencia global que la humanidad experimenta con particular intensidad desde finales del siglo XX.

Manuel Castells sugiere comenzar con la dimensión económica del concepto (1999: 4). Nos habla de una economía global en la que los mercados de capital están conectados y dependen de los mercados financieros globales para su funcionamiento y evolución (4). Para Wallerstein, esta economía global siempre ha sido capitalista en su naturaleza y la prioridad de este sistema es la acumulación infinita de capital. Este marco no puede existir más que una economía global (2015: 56-57). Para Hamelink, la globalización es una agenda política que, según sus defensores, “crea un mercado mundial abierto y competitivo que promueve la prosperidad global” (2015: 29). Y ciertamente, detrás de la dimensión económica, es indispensable mencionar el motor ideológico de la globalización: el neoliberalismo. El neoliberalismo es una teoría de prácticas políticas económicas que propone que el bienestar humano puede ser alcanzado en un marco de comercio y mercado libre y el papel del estado es crear un ambiente apropiado para estas prácticas, aunque su intervención debe de mantenerse al mínimo (Harvey, 2015: 71). En todo el mundo ha habido una transición hacia el neoliberalismo el cual nace a partir de ideales capitalistas.

Las nuevas tecnologías digitales han sido el motor y continúan siendo el vehículo de esta economía global. Castells plantea el concepto de sociedad en red como “la estructura social resultante de la interacción entre este nuevo paradigma tecnológico y la organización social” (2005: 3). Para él, las tecnologías digitales permiten a la red social en era de la globalización sobrellevar la dificultad de coordinación y le permite ser flexible y adaptable gracias a su capacidad de descentralización. De igual manera, ya que las redes de comunicación trascienden fronteras, la sociedad en red es global (4). En estas redes, las “tecnologías de información y comunicación basadas en la microelectrónica y las redes digitales de computadoras […] generan, procesan y distribuyen la información con base al conocimiento acumulado en los nodos de las redes” (7). Castells también enfatiza procesos que en esta era son condiciones necesarias para el desarrollo de entre los cuales destaca la generación de nuevas tecnologías de información con base la investigación científica y la innovación tecnológica (8).

¿Qué sucede con los medios de comunicación en la era de la globalización llevada de la mano por las nuevas tecnologías? Hamelink habla sobre como, por una parte, la conciencia global se ve alentada por los flujos de comunicación, pese a la gran disparidad en el acceso a estos (2015: 27). Los apologistas “dicen que la globalización promueve la diferenciación cultural mientras que los críticos afirman que es simplemente un nuevo disfraz para el anticuado imperialismo cultural” (2015: 29). Thussu habla de cómo los medios, gracias a la tecnología y al uso de la comunicación en línea y como resultado de la desregulación y privatización de cadenas de telecomunicación, operan ahora de manera transnacional buscando consumidores de todo el mundo. Estas cadenas están interesadas en mercados y ven a su audiencia como consumidores. Aunque algunos países de la periferia global aportan productos mediáticos, es Occidente, encabezado por EEUU, el protagonista en la exportación de estos (2015: 376). En cuanto al fenómeno de globalización mediática, por una parte, muchos “han defendido la causa de la hibridez cultural, una fusión formada con la adaptación de géneros mediáticos occidentales para adaptarse a lenguajes, estilos y convenciones locales”, aunque para otros “las corporaciones transnacionales, con el apoyo de sus respectivos gobiernos, ejercen control indirecto sobre los países en vías de desarrollo, dominando mercados, recursos, producción y labor” (378). Cowen habla de este imperialismo cultural como “la difusión del ethos americano de comercialismo e individualismo” (2015: 409).

Retomando el concepto de Castells (2005) sobre la sociedad en red, menciona que, ya que las redes son selectivas y pueden a la vez comunicar e incomunicar, la sociedad en red se extiende por todo el mundo, pero no incluye a todos (5). En el capitalismo informacional, la desigualdad social está ligada a la flexibilidad y alcance global del sistema. El sistema educativo no está optimizado para preparar a la fuerza laboral informacional, los nuevos sistemas de producción están desplazando a los agricultores tradicionales y el contrato social se encuentra cuestionado por los flujos globales. La brecha digital surge como efecto secundario de la globalización. Serrano y Martínez definen la brecha digital como “la separación que existe entre las personas […] que utilizan las tecnologías de la información y comunicación […] y aquéllas que no tienen acceso a las mismas [o que] no saben cómo utilizarlas” (2003: 8). El argumento de que las coordenadas de tiempo y espacio al fin están siendo superadas por las nuevas tecnologías supone que la totalidad de la población posee las herramientas físicas y teórico-prácticas cuando en la realidad es claro que no son inherentes a todos (Candelas, 2013). La revolución tecnológica que paradójicamente ha llevado a incentivar la innovación y la creatividad y que ha transformado los procesos mediáticos también ha creado un abismo entre sectores de la población.

Para Hamelink, “la globalización significa integración y polarización. Promueve movimientos sociales que luchan por el respeto a los derechos humanos y movimientos sociales que impulsan racismo, divisiones étnicas y fundamentalismo” (27). ¿Pero qué depara el futuro? Barber ve dos posibilidades para el futuro político del mundo a raíz de la globalización: una en la que las culturas se oponen unas a otras y luchan contra la interdependencia y la otra demanda integración y uniformidad en la que el mundo está unido por la tecnología y el comercio (2015: 32-33). Ambas plantean un futuro distópico oscuro, pues, como Castells concluye: “hay (…) una relación sistémica entre el ascenso del capitalismo global informacional, bajo las condiciones actuales, y el crecimiento extraordinario de la exclusión social y desesperanza humana” (1999: 10). En la era de la economía global, existe una tendencia a la sobreexplotación y las normas desfavorables de compensación o de condiciones laborales para sectores vulnerables de la fuerza de trabajo como los inmigrantes, las mujeres o las minorías además de hacia la exclusión social e incluso hacia procesos laborales de la economía criminal (8-9).

¿Qué cabe esperar, en esta tesitura, de la comunicación digital? Castells menciona que las sociedades se han trasladado hacia un sistema multimedia fragmentado y personalizado que él llama comunicación masiva auto-dirigida. Para él, el sistema es masivo porque se vale del internet para alcanzar todo el planeta y es auto-dirigido porque es iniciado por los mismos individuos que forman parte de la sociedad. Es un hecho que la acumulación de capital es el motor que mueve a la globalización, pero, paradójicamente, la globalización también ha puesto sobre la mesa cartas que tienen el potencial de convertir esta lucha en la historia de David y Goliat. Estos comodines, sin embargo, no siempre están a la vista y es necesario ir a su encuentro en un laberinto de posibilidades. Las mismas tecnologías que promueven el capitalismo tienen el potencial de convertir a los aparentemente marginados en protagonistas. Tal es el caso de los zapatistas en Chiapas que se valieron del entonces novedoso internet para hace resonar su mensaje en todo el mundo.

Bibliografía

Thussu, D. (2005). “Mapping Global Media Flow and Contra-Flow”, en: Lechner, F. & Boli, J., The Globalization Reader, Reino Unido: Wiley Blackwell.

Wallerstein, I. (2015). “The Modern World-System as a Capitalist World-Economy”, en: Lechner, F. & Boli, J., The Globalization Reader, Reino Unido: Wiley Blackwell.

Harvey, D. (2015). “A Brief History of Neoliberalism”, en: Lechner, F. & Boli, J., The Globalization Reader, Reino Unido: Wiley Blackwell.

Cowen, T. (2015). “Why Hollywood Rules the World, and Whether We Should Care”, en: Lechner, F. & Boli, J., The Globalization Reader, Reino Unido: Wiley Blackwell.

Hamelink, C. (2015). “The Elusive Concept of Globalization”, en: Lechner, F. & Boli, J., The Globalization Reader, Reino Unido: Wiley Blackwell.

Barber, B. (2015). “Jihad vs. McWorld”, en: Lechner, F. & Boli, J., The Globalization Reader, Reino Unido: Wiley Blackwell.

Castells, M. (1999) Information Technology, Globalization and Social Development. Suiza: UNRISD.

Castells, M. (2005) The Network Society: From Knowledge to Policy, Johns Hopkins Center for Transatlantic Relations.

Santoyo, A. & Martínez, E. (2003) La brecha digital: Mitos y realidades. México: Universidad Autónoma de Baja California.

Fondo Monetario Internacional (2000) La globalización: ¿Amenaza u oportunidad?

Candelas, M. (2013). “La brecha digital: fractura de la globalización”, En Política Crítica.

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