Utilice vías alternas

 Utilice Vías Alternas

Karla González Esquivel y Diego Saldaña García

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La ecosofía social consistirá, pues, en desarrollar prácticas específicas

que tiendan a modificar y a reinventar formas de ser

en el seno de la pareja, de la familia, del contexto urbano, del trabajo…

(Guattari, Las tres ecologías, 19)

A principios de los años 50 la internacional letrista reconoce en el perderse por la ciudad una posibilidad expresiva concreta de anti-arte y lo asume como un medio estético-político a través del cual subvertir el sistema capitalista de postguerra. En “El andar como práctica estética”, Francisco Careri afirma que “la deambulación contiene la esencia misma de la desorientación y del abandono al inconsciente, se desarrolla en los bosques, campos, senderos y pequeñas aglomeraciones rurales.” ¿Qué pasa entonces cuando nos es negada esta posibilidad de perdernos? Si ya todos los caminos están marcados, designados, pavimentados y señalados, desde esta perspectiva parece ello parece eliminar cualquier posibilidad expresiva/estética/política y de Anti-Arte. Ahora bien, según los situacionistas, el penoso fracaso de la deambulación surrealista se debió a la exagerada importancia que le daban al inconsciente y al azar, categorías que, aunque todavía estaban presentes en la práctica letrista, quedaban desleídas y se reconducía al plano de la realidad mediante un determinado método de indagación que debía tener como campo de acción la vida, y por tanto la ciudad real. La deriva letrista desarrollaba la lectura subjetiva de la ciudad iniciada por los surrealistas pero se proponía transformarla en un método objetivo de exploración de la ciudad. Un parque que cuenta con un recorrido designado como el del río Atoyac es el escenario perfecto para nuestro proyecto, “Utilice vías alternas”. En este caso la redefinición del recorrido es lo que elimina la posibilidad de fracaso con la que se encontraron los surrealistas, y siendo un espacio frecuentado por deportistas, familias, parejas y niños diariamente nos acerca más al campo de la vida social. Hemos reemplazado el azar y el errabundeo de los surrealistas por un cambio de reglas del juego, entendiendo que jugar es saltarse deliberadamente las reglas existentes para inventar otras dirigidas en contra del control social. El proyecto “Utilice vías alternas” pretende bloquear caminos predeterminados a lo largo del andador del Atoyac, con el objetivo de realizar una apropiación del espacio público, esto en una especie de protesta a la apropiación que hizo el gobierno del estado al convertir un espacio desolado en una especie de parque de recreo. Este proyecto pretende abarcar temas ecológicos, pero no por eso es un proyecto preservacionista. No pretende resolver el problema ambiental a corto plazo limpiando o recogiendo basura, sino que se trata una propuesta conceptual que provoque reflexión a los paseantes acerca de las medidas tomadas por el gobierno y la intención del mismo de utilizar la ecología como marketing para sus campañas políticas. Partiendo de la premisa de que la mayoría de las personas está acostumbrada a ser dirigida por el terreno o las vías designadas por un tercero, los constructores, diseñadores y directivos del parque marcaron y crearon en su momento un recorrido especifico, lo cubrieron de un material en el que resulta agradable transitar, y marcaron las zonas prohibidas con señalética que se encuentra en el imaginario colectivo (no pase, no nadar, no empujar, no acampar, etc.)

 

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De cierta forma acabaron con la posibilidad de un tránsito libre por el parque, las razones pueden ser estéticas, burocráticas, de vialidad, pero es evidente que en el caso del parque Atoyac el recorrido debía de evitar a toda costa encontrarse con el río. De nuevo, el fin de este proyecto no es limpiar el rio, ni evidenciar su suciedad. La finalidad real de este proyecto es romper y volver a designar el recorrido de una manera completamente diferente, evidenciando la falta de libre tránsito y la indiferencia de los transeúntes que lo recorren de inicio a fin como está estipulado. Esto se hace obstaculizando este recorrido predeterminado, tanto en la ciclo pista como en el paso peatonal. Se colocan obstrucciones con el cordón plástico, obligando así al paseante a tomar vías alternas no predeterminadas. A través de esta intervención pretendemos cambiar aunque sea por unas horas esa relación entre el sujeto y el camino con todas sus normas.

 

 

Como referencia más cercana los artistas a los que nuestro proyecto puede semejar más es a Robert Smithson o a Christo, ya que sus intervenciones requieren al igual que la que pretendemos, gestiones y permisos para ser llevadas a cabo, creo que parte importante de la pieza es lograr la aceptación de las autoridades, entre otras cosas haciéndonos pasar por estudiantes de biología que quieren hacer conteo y medición de árboles. Cuenta con varios elementos que se pueden vincular con el pensamiento de Guattari, como que bien podría ser un experimento de etología que estudiara la conducta humana cuando se encuentra con una situación adversa o emergente, tal como la acción de obstruir el camino de un hormiguero. Al mismo tiempo, sin embargo, el proyecto se distingue de una visión tecnócrata, ya que el planteamiento no tiene como propuesta nada de científico para la solución de un problema político, está basado exclusivamente en el comportamiento y la reacción de los sujetos ante cierto tipo de símbolos o estímulos. Al encontrarse con la obstrucción parcial y temporal de un espacio, como son los cordones, los individuos se ven obligados a cuestionarse su libertad de tránsito y por tanto su libertad para perderse. Aunque lo anterior puede resultar relativo a la visión y percepción de cada quien, el efecto buscado es el cuestionamiento de las propias decisiones, el camino que se tomará, y la razón del nuevo desplazamiento que tiene que realizarse.

 

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A nadar… ¡Al Atoyac!

A nadar… ¡Al Atoyac!
por:  Andrea Garay Almada

En los años 60 el ecologismo temprano intentó entender la naturaleza de forma sistemática, pero el predominio de un enfoque tecnócrata no logró detener el deterioro ambiental que hasta la fecha continúa y que nos ha colocado en una fase crítica. En vista de ello, el psicoanalista Félix Guattari propone intentar una “recomposición de las prácticas sociales e individuales [por medio de] la ecología social, la ecología mental y la ecología medioambiental, y bajo la égida ético-estética de una ecosofía” (Las tres ecologías 30). Mi proyecto busca abordar la problemática medioambiental del río Atoyac través de un enfoque ecosófico. El río Atoyac tiene una extensión de 411 Km y anteriormente era una fuente principal de agua potable y un espacio de recreación y esparcimiento. Hoy día cuesta creer que alguna vez ese río, que hoy es negro, tuvo y dio vida. La historia de su contaminación es un poco turbia, como sus aguas. Durante muchos años y hasta la actualidad, el río ha sido alimentado con deshechos tóxicos provenientes de distintas industrias. A pesar de que diversos movimientos activistas han pedido la suspensión de estos deshechos, el gobierno no ha cortado el suministro de basura al río, o al menos no nos consta. Lo que hizo el gobierno fue abrir un espacio recreativo, en donde busca “concientizar” a la población acerca del problema que tiene el río. MIRAtoyac ha sido la “solución” práctica que el gobierno decidió darle a las quejas por medio de salas interactivas que proyectan animaciones atractivas que cuentan casi a manera de leyenda cómo el río alguna vez estuvo limpio.

La primera vez que fui al río, me pareció un lugar desierto, pero pensé que habría sido por el horario el día, sin embargo, las siguientes veces que fui, nunca pude ver a más de cinco personas. Esta situación me hizo pensar en relación a que tipo de impacto están teniendo los pabellones interactivos que puso el gobierno, pero más que eso, quién se está enterando de la existencia y función de este lugar. Guattari menciona que la ecosofía “indica líneas de recomposición de las praxis humanas en los dominios más variados” (18), tanto a nivel individual como colectivo. Esto quiere decir, que si en realidad quisiéramos hacer un cambio, deberíamos comenzar cambiando la manera en la que nos aproximamos a nuestras mismas prácticas sociales. En este caso, para mí surgió la pregunta de cómo replantear nuestra relación con el río Atoyac, pues si en verdad quisiéramos cambiar la situación del río, se tendría que cambiar el posicionamiento con el que nos aproximamos a él. La mayoría de las personas acuden ahí para correr sobre un andador, y mi propuesta entonces consistió en evidenciar la posibilidad de otro modo de relacionarse con el río. No se puede nadar en el río por diversas razones de salud, riesgo y demás; esa es una realidad, así como no se puede pescar, ni regar, ni beber. Solamente se puede mirar mientras nos alejamos literalmente corriendo del problema. Pero, ¿si se pudiera?

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A nadar.. ¡Al Atoyac! Consistió en inaugurar una bajada al río Atoyac. La acción que lleve a cabo para realizar la inauguración, fue a partir de la imagen simbólica de hacer el solemne y formal corte de listón. A partir del corte, el descenso hacia el río quedó oficial y formalmente inaugurado. Decidí sugerir un descenso para crear un sentido de relación distinto entre el público y el río, de manera que más allá de solo ser un objeto contemplativo, el río se convierta en un ente que puede cruzar la barrera y entrar en contacto con el espectador. Una de mis intenciones con este proyecto fue hacer énfasis en el carácter de disfraz de MIRAtoyac. Al invitar a las personas a nadar tras inaugurar formalmente una bajada, se buscó crear, indirectamente, una duda acerca de las instancias que supuestamente se hacen cargo de la limpieza del río. Dentro de mi acción no menciono la contaminación sino que evoco su memoria, recordándoles de manera indirecta lo que los transeúntes preferirían olvidar, que el río está contaminado. La contaminación del Atoyac no va a cesar mientras no se detenga el flujo de desechos industriales. Aunque existan plantas de tratamiento, las industrias no van a detener la tira de deshechos y el gobierno no las va a detener porque económicamente “no conviene”. Guattari apunta a esta situación como una problemática “…de la producción de existencia humana en los nuevos contextos históricos”. Bajo mi interpretación, esto quiere decir que tampoco podemos simplemente retornar al río como era antes, o traumarnos por la melancolía de que ahora es negro. Pero sí podemos recordarnos por qué ya no se puede nadar en el río, ni hoy ni posiblemente nunca. Que la historia del río como fuente de vida es un recuerdo a punto de expirar. Que el gobierno, a pesar de que tiene el poder de revertir la situación no lo hace, y que ir a correr al río refuerza la farsa con la que el gobierno apacigua las luchas ambientalistas. Me gustaría invitar al lector a que no simplemente piense que yendo a correr al río estamos siendo seres ambientalmente responsables o que estamos contribuyendo a la limpieza del río. Por el contrario este tipo de acciones, aunque bien intencionadas, no trascienden, únicamente se quedan en acciones estereotipadas o en ilusiones reduccionistas individuales. Por medio de mi proyecto no estoy sugiriendo una forma técnica de resolver el problema de la contaminación del agua, sin embargo estoy creando una manera de confrontar al público con la posibilidad de crear otro tipo de relación con el río Atoyac.

Lo bello de lo feo

Lo bello de lo feo

por: Fernanda Conde Cordero

Las relaciones de la humanidad con el socius, con la psique y con la ˂˂naturaleza˃˃ tienden, en efecto, a deteriorarse cada vez más, no sólo en razón de contaminaciones y de poluciones objetivas, sino también por el hecho de un desconocimiento y de una pasividad fatalista de los individuos y de los poderes respecto a estas cuestiones consideradas en su conjunto.

(Guattari, Las tres ecologías 31)

 

Con el paso de los  años nos hemos enfrentado a distintos cambios medioambientales que nos han afectado de diversas maneras. Muchos creemos que todo es culpa de la tecnología, pero durante el curso Arte y Pensamiento Ecológico estudiamos distintos autores que nos permiten conocer teorías que toman en cuenta tanto la tecnología como la política, el pensamiento ecológico y el arte. A partir de lo visto decidimos y discutimos sobre nuestros puntos de vista. Para dar inicio a este proyecto se habló del parque metropolitano junto al Río Atoyac, ubicado sobre la vía Atlixcáyotl en la ciudad de Puebla. El paseo cuenta con un módulo de información llamado MIRA Atoyac donde se exhibe un set interactivo con datos sobre la contaminación que pide aportar pensamientos positivos a través de una máquina. Se supone que con esto se contribuye a limpiar el río. El trabajo fue realizado por un grupo de diseño interactivo llamado Cocolab. El módulo también exhibe un poema de Ángeles Mastretta en el cual sucede como si el río contara su historia cobrando vida para sensibilizar sobre la contaminación. Cerca de ahí se puede observar una planta para limpiar el rio la cual no funciona, pero esto no parece importar tanto porque de todos modos este lugar ha sido creado como un parque: cuenta con una pista para correr, juegos para niños, etcétera. En una de nuestras discusiones se planteó la interpretación de que MIRA Atoyac es parte de una estrategia para que la gente vea que el gobierno hace algo por los habitantes de la ciudad, mientras que por otro lado continúan instalándose industrias que continúan contaminando el río y la ciudad. Aquí nace nuestro proyecto con el fin de transmitir algo hacia el público y a partir de la lectura de “Las tres ecologías” de Félix Guattari, quien propone una “ecosofía” que vincule el medio ambiente, las relaciones sociales y la subjetividad humana.

 

Este proyecto nace como una interrogación de la estética en un sentido tradicional, el que se refiere a aquellas definiciones de lo que la sociedad percibe como algo feo y bonito. ¿Por qué no hacemos una interrogación de lo que es denominado como feo? Me interesa desarrollar una perspectiva conceptual que permita demostrar lo contrario, la belleza a través de lo feo. De la misma manera mi incertidumbre  sobre el por qué la sociedad considera la contaminación como algo feo y desagradable generó interés en este proyecto. El proyecto consistió en crear agua contaminada a partir de agua purificada que cada dos horas se fue interviniendo con basura (polvo y papel). Antes de introducir la basura se guardaba una pequeña toma para después analizarla y fotografiar las muestras. Durante este proceso, el cual duró horas, se observa que conforme uno contamina más  y más, el agua va perdiendo su claridad a tonos grises y verdosos con un aspecto “feo” y oloroso. Quiero demostrar que estas imágenes pueden aumentar un interés visual en quienes las ven cuestionándose la proveniencia de manera subjetiva sin pensar que lo que realmente se ve es agua contaminada.

 

En mi interpretación la subjetividad habla de esa contradicción entre lo que podemos apreciar a simple vista (que con los sentidos más inmediatos puede resultar “feo”) y lo que se puede apreciar de otra manera utilizando otras herramientas. Con el microscopio se puede apreciar la belleza que se cree inexistente con la contaminación. Existe un gran número de composiciones en formas de colores que cambian y se enriquecen con el tiempo mientras visualmente empeora, interiormente la belleza engrandece. Si el agua no está contaminada y se ve dicha transparencia a pesar de ser saludable no existe una belleza microscópica ya que esta no genera aspectos que permita observar estas formas inexplicables que sintonizan desde el color hasta la uniformidad.

 

Recordando lo que hemos visto en el curso, lo primero que pensé después de realizar este proyecto fue en una de las tareas en la cual se habla de la sustentabilidad, el arte y la estética. Asistimos a una exposición itinerante llamada “Ejemplos a seguir”, donde se expusieron entre otras piezas unas fotografías de cables las cuales creo que funcionan visualmente como mi proyecto. Según mi interpretación se hace una crítica a partir de una composición fotográfica de metales, cables y otros contaminantes que a su vez logran armonizar y embellecer la contaminación creando una ligera desconcentración sobre lo que en realidad se ve, debido a que existen formas, colores y otros semejantes que demuestran un lado más ambiguo de la contaminación. Durante mi investigación pude encontrar otros proyectos que se podían ligar con mi proyecto. Por ejemplo encontré la práctica de vitalización del agua en la cual cuando “se agregaba una gota del agua vitalizada a un agua dañada microbiológicamente contaminada, ésta comenzaba a regenerarse. Volvía literalmente a la vida. Los microorganismos beneficiosos podían volver a desarrollarse y limpiar el agua. Gracias a este descubrimiento nació el concepto vitalización del agua“. El término fue acuñado por el mismo Johann Grande que a través de un microscopio logró beneficiar el agua.

 

Por último encontré  a un investigador apasionado por el agua llamado Masaru Emoto, quien ha descubierto muchas diferencias en la estructura cristalina del agua recogida de una variedad de fuentes alrededor del planeta. El agua de los arroyos de montaña vírgenes muestra diseños geométricos bellamente formados cuando se congela, y el agua contaminada muestra estructuras cristalinas definitivamente distorsionadas y formadas al azar. Emoto fotografía estos cambios moleculares en el agua mediante la congelación de las gotitas y el uso de un microscopio de campo oscuro. Creo que Emoto va más allá de esta estética que se observa a través de un microscopio tal como lo relaciono con mi proyecto, sin embargo creo que es a través de la estética de estas imágenes que trata de hacernos reflexionar sobre estos cambios del agua. Como comentario personal creo que es importante apreciar la “belleza” del agua contaminada porque solo buscando activamente la belleza en la fealdad podemos implicarnos verdaderamente en el cuidado del mundo que habitamos.

 

Intrinsecalidad

Intrinsecalidad

por: Ileana Flores Ramírez

…tengo la convicción de que la cuestión de la enunciación subjetiva se planteará cada vez más a medida que se desarrollen las máquinas productoras de signos, de imágenes, de sintaxis, de inteligencia artificial… Eso significa una recomposición de las prácticas sociales e individuales que yo ordeno según tres rúbricas complementarias: la ecología social, la ecología mental y la ecología medioambiental, y bajo la égida ético-estética de una ecosofía.

(Guattari, 1990)

La ciudad de Puebla muestra su eslogan por doquier que dice “Puebla, acciones que transforman”. Indica una iniciativa gubernamental que, supuestamente, busca el bienestar de su ciudad y sus habitantes. Hemos sido testigos de los desarrollos impuestos en infraestructura en la ciudad, repavimentación e impulso cultural. Uno de los grandes proyectos que “transforman” los defectos de la ciudad es la que busca  “rescatar” el famoso y contaminado Río Atoyac. Este proyecto se trata de Mira Atoyac, realizado por un colectivo multidisciplinario de proyectos artísticos, culturales y de entretenimiento basados en tecnología llamado Cocolab. Cocolab creó un espacio buscando la concientización de los poblanos sobre lo importante que es el cuidar el río y sobre todo para cambiar la percepción negativa del Río. Ahora el río cobra vida propia al ser mitificado en un personaje con voz y sentimientos para dar a conocer su historia. Es decir, la solución se presenta como verter pensamientos positivos depositados en esta pantalla. Aparte de los pabellones, también se cuenta con un espacio rehabilitado con una pista para correr y juegos para niños. Pareciera que el gobierno encontró al fin una manera de ponerle fin a la contaminación con una propuesta “sustentable”: llenemos de buenos pensamientos el río y así, mágicamente, se acabará el problema que enferma a cientos de personas a su alrededor.

 

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Un estudio realizado por la UNAM reveló información muy alarmante respecto a las implicaciones que tiene el río sobre los habitantes a su alrededor. Este estudio arrojó que ante la llegada de la industria a esta ciudad a finales de los años sesenta, el río empezó a recibir agentes contaminantes y una de las más graves consecuencias fue la aparición de enfermedades como anemia hemolítica, leucemia e insuficiencia renal en los menores de 18 años. Los estudios también arrojan que no solo se fomenta la aparición de enfermedades sino también que la toxicidad del agua está cambiando el ADN. Esta toxicidad incluso llega a afectar a la población de San Pedro Cholula. Y a pesar de los resultados obtenidos por expertos de la UNAM la iniciativa gubernamental Mira Atoyac trata de ser lo suficientemente impactante para contrarrestar la urgencia por atacar el problema de contaminación. Aun así, al visitar el Río Atoyac resulta inevitable sentirse envuelto en este ambiente de interacción familiar, de enseñanza y, al final de cuentas, hacerse de la vista gorda incluso al percibir el mal olor característico de este lugar llena nuestros pulmones mientras corremos.

 

Al principio del curso, en la nota introductoria en lo que sería la plataforma tecnológica que albergaría nuestros estudios de arte y pensamiento ecológico, nos encontramos con esta pregunta: ¿cuál ha sido y cuál puede ser el papel del arte contemporáneo? En este proyecto en particular se busca que el arte salga del cuadrado blanco de la galería y que explore otros sitios, como lo ha hecho el Land Art y Robert Smithson. Que pueda ser una práctica multidisciplinaria para poder llegar a lugares más profundos en la mente humana, donde las soluciones y la curiosidad a temas cotidianos también se vuelvan piezas de arte. Coincido con Guattari en que “… se trata de interesarse por lo que podrían ser dispositivos de producción de subjetividad que van en el sentido de una resingularización individual y/o colectiva.” (Guattari,1990) Guattari también afirma que “las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus implicaciones.”  Con respecto al medio ambiente, Guattari declara que “hoy menos que nunca puede separarse la naturaleza de la cultura, y hay que aprender a pensar transversalmente las interacciones entre ecosistemas, mecanósfera y Universo de referencia sociales e individuales.” Con esto en mente intento crear un proyecto realizado en los alrededores del Mira Atoyac.El proyecto a realizarse es una cita de otro proyecto, a saber, “Green River” realizado por el artista Olafur Eliasson entre los años 1998-2001 tomando lugar en Tokio, Estocolmo, Los Angeles, Moss (Noruega) y Bremen en Alemania. En una conversación con Hans Ulrich Obrist el artista explica por qué realizó este proyecto. Expresa que todo empezó como un acto rebelde de curiosidad donde solo compró el colorante y lo tiro al río en Estocolmo. Al acabarse el colorante y hacer contacto con el agua, esta comienza a volverse verde. Eliasson tira la bolsa donde antes habitaron las particulares responsables de la coloración en el bote de basura más cercano y se va como si este no hubiera sido un acto fuera de lo común. Comienza a observar a la gente que vuelve a prestar atención a este río que ya no les llama la atención al recorrer el mismo camino día a día en camino a su trabajo o escuela y es aquí cuando se comienza a crear otro aspecto de la obra que me parece primordial para la ejecución del proyecto. Obrist le pregunta que buscaba Eliasson al ya repetir esta travesura, que quería hacer relucir, a lo que contesta el artista que el buscaba volver el río visible de nuevo para sus habitantes que no lo notan ya. También cambiar la percepción del medio ambiente de ser aburrida y sin cambios y comenzar a notar lo quieta que es en veces o el dinamismo que existe en el río.   En mi interpretación la pieza de Eliasson atiende los tres registros de la ecosofía de Guattari, al señalar la implicación del ser humano en la domesticación del río al delimitarlo por la infraestructura impuesta de la ciudad volviéndolo parte del paisaje urbano. En referencia a las relaciones humanas se toca la relación del ser humano con la cotidianidad y en términos de la subjetividad al tratar de darle vida al río trata de despertar el desconcierto y la confrontación con lo que es realmente un río. Eliasson busca recordar el flujo de vida que tiene el río volver a observar con otros ojos la naturaleza y a nuestra propia vida y tratar de crear nuevos cuestionamientos sobre ella.

 

Como el proyecto de Eliasson, mi proyecto busca crear una perturbación en la subjetividad humana. El proyecto toma como nombre “Intrinsecalidad”, partiendo de que lo intrínseco se refiere a un objeto por razón de su propia naturaleza, algo esencial y primario. Si algo queda claro es que el río no tiene esa característica sino que a lo largo de su historia se ha relacionado con muchas cosas, desde la industria hasta el activismo. Algo que me interesa también registrar son los procesos multidisciplinarios que se necesitan para llevar a cabo este proyecto, denotar los procesos necesarios para llevar a cabo un proyecto artístico y resaltar la importancia del público frente a la pieza. Tras la concepción de la idea, fue necesario involucrar a un especialista. Se contactó a la química bióloga Fernanda Medina egresada de la Universidad de Sonora con más de 30 años en docencia e investigación. La Q.B. Fernanda Medina se encuentra actualmente tratando de encontrar una fórmula para suministrar el río de oxígeno. Para este proyecto, se extrajo una muestra con jeringa del agua del río Atoyac (50 ml) en una zona con más fácil acceso y menos seguridad, con coordenadas (18.981055,-98.279228). Esta agua fue analizada, dando resultados altos en contaminantes siendo estos metales pesados, solventes, petroquímicos, que resultó ser alarmante.

 

 

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También se analizó el tipo de colorante que se tiene que usar. Puebla no suministra un colorante lo suficientemente llamativo o en muchas ocasiones biodegradable. Se buscó en la ciudad de México (PIGMA COLOR A.C., ALCOSA, MARDUPOL, CLARIANT MEXICO) sin éxito alguno. Se tuvo que recurrir a la red. El colorante que se estuvo buscando y el que cumplía con las necesidades para la realización de la acción, toma por nombre Bright Dyes, colorante en polvo, no tóxico y biodegradable. Se tiene que tener en cuenta que el rio cuenta con 5000 metros de altitud y 200 kilómetros de longitud y es de aproximadamente 21 metros de ancho, para deducir la cantidad de colorante necesario para lograr el objetivo. El colorante Bright Dye del color FLT Yellow/Green en polvo, colora 120,000 galones con tan solo 1 libra. Se llegó a considerar el colorante rojo que la proporción es 1lb/ 60,400 galones pintados, pero utilizar el rojo en el rio en que se mueve tendría otro tipo de interpretación por su semejanza con el torrente sanguíneo. El precio por libra del colorante Bright Dye FLT Yellow/Green cuesta 144.26 dólares con un estimado a llegar en 20 días.

 

Por último, una parte fundamental de este proyecto es la gestión de permisos, puesto que no es precisamente legal verter cualquier sustancia al río. Como se trata de un río que abarca varios estados, se tiene que informar y obtener la aprobación de diversas instancias. Claro está que esto resultaría un proceso muy largo, ya que para querer verter un colorante con compuestos que propicien la conservación del H2O, se necesitan realizar exámenes avalados por profesionales en el área de investigación de alguna universidad y pruebas demostrando los efectos en corto, mediano y largo plazo en el río. Indiscutiblemente el proyecto toca la política medioambiental al ser evidente la intervención de la industria y del humano sobre el río y a su vez se hará una intervención tratando de evidenciar esto mismo. En cuestión de las relaciones sociales, el proyecto toca las convenciones que gobiernan la gestión de este lugar para crear nuevos vínculos con el rio al ver el impacto creado por el proyecto. Finalmente, en relación con la subjetividad, el proyecto trata de perturbar y detonar asociaciones sobre qué es lo que está pintando el río verde amarillo, generar nuevos discursos y nuevos alcances de nuestra comprensión de la contaminación.

Contaminando_NOS


Contaminando_NOS

por: Karen Palafox Villalobos

Para mi proyecto adopto algunas ideas de Felix Guattari, quien identifica tres registros inseparables de la “ecosofía”: lo social, lo ambiental y lo subjetivo. Me interesa específicamente lo mental o subjetivo, en la medida en que permite explorar lo “políticamente incorrecto”.  Lo que pretendo es descontextualizar la palabra “contaminación” del ámbito puramente ambiental y recontextualizarla es un plano mental o subjetivo.  Guattari explica que:

 

La ecosofía mental se verá obligada a reinventar la relación del sujeto con el cuerpo, el fantasma, la finitud del tiempo, los MISTERIOS de la vida y de la muerte. Se verá obligada a buscar antídoto a la uniformización ˂˂mass- mediática˃˃ y telemática, al conformismo de las modas, a las manipulaciones de la opinión por la publicidad, los sondeos, etc. Su forma de actuar se aproximará más a la del artista que a la de los profesionales ˂˂ psy˃˃ siempre obsesionados por un ideal caduco de cientificidad.

(Las tres ecologías 20)

 

La subjetividad inicia desde el momento en el que somos afectados, y en ese sentido “contaminados”, por el entorno. Le doy por tanto un giro a la palabra “contaminar” desde algo literal hacia una metáfora de dejarnos ser afectados, de permitirnos ser afectados conscientemente. El hecho de cuestionar dónde está la contaminación y cómo nos contaminamos es para despertar esta subjetividad del pensamiento mismo. De manera que este proyecto invita a la gente a observar y profundizar más sobre nuestros alrededores, en pensar que cómo somos afectados en un sentido más fenomenológico, ya que encuentro que es ahí donde los cuestionamientos son más escasos.

Elegí 5 fotografías mías tomadas en distintos lugares, fechas y contextos. Se trata de hacer preguntas respecto a cada una de esas fotografías, por ejemplo:

  1. ¿Qué o quién te está afectando desde esta fotografía?
  2. ¿Cómo estás siendo afectado?

Propuse un blog  donde añadí fragmentos de este trabajo y situé las fotografías por separado, a cada una le agregué un acompañamiento sonoro compilado en un fotovideo.  Es aquí en este blog donde convoco y estudio la relación entre las personas y las fotografías. Como parte de mi proyecto me gustaría brindar a las personas un pequeño momento para sumergirse en experiencias alternativas. La observación de ese pequeño espacio que se brinda a ser reflexionado, cómo se está observando  y con qué finalidad, logra transformar una divagación en lo abstracto, en una consciencia de aquello que los afecta. Se requieren personas que por medio de la escritura logren ir más allá de los lugares comunes. Parte del objetivo es la observación, el sentir, como decía Joseph Beuys: “ser artistas”. El arte debería ser tomado como experiencia propia de vida, el cómo hacer que un objeto de la vida cotidiana pudiera influenciar y afectar con su sentido y significado para asimilarlo como experiencia. Beuys pretendía ampliar el horizonte de la creatividad, fusionando la vida cotidiana con el arte para entonces entender y hacer que cada acción fuese una obra de arte, cada hombre un artista.

 

Limpieza

Limpieza

por: María Luisa Velázquez Partida

El río está tranquilo, es un día soleado y solo se escucha el caudal de aguas negras correr. He encontrado el lugar perfecto para realizar un ritual. La idea es sencilla: realizar una “limpia” al trabajo del gobierno y de Cocolab por “rescatar” el rio Atoyac, al que han convertido en un parque con una pista para correr que termina en un módulo de información. Baso mi ritual en la prácticas chamánicas tradicionales mexicanas y los rituales de limpieza que realizamos en la vida diaria. El ritual comienza con el humo, para ello es necesario el sahumerio y el copal, resina aromática utilizada para limpiar energías. Tomo el sahumerio en mis manos y le pido permiso al río para limpiarlo. El performance continúa con una serie de acciones en medio del humo: golpear al río con el ramo de limpia, tallar el musgo de las piedras y tallar el agua en el recipiente de tallar la ropa, colarla y ver la cascada de agua negra caer desde el colador, una, dos, tres veces, todo esto se repite las veces que sea necesario.

 

 

Yo en mi calidad de “chamana” planeo ensuciarme. A mi entender es necesario ensuciarse, ya que la limpieza del río no se llevará a cabo por buenos pensamientos y proyectos a futuro. El trabajo debe comenzar ahora, y mi ritual, como todos los presentes en mi vida diaria, es una serie de acciones cargadas de simbolismos, como el copal o la banda en la cabeza para impedir que la energías “malignas” entren a mi cuerpo, o el estar de rodillas a orilla del río limpiando, como las madres limpian el piso del hogar, con el pretendo dará a conocer la necesidad de hacer algo, no solo con reducir el consumismo o ir a correr junto al río este se limpiará. Es necesaria una conciencia de la acción que empieza con el lenguaje, la metáfora y el simbolismo. La limpia del río no se hará con acciones imaginarias, sino con acciones del cuerpo que nos recuerden la contaminación de nuestra identidad como mexicanos, un proceso de conversación. Es por eso que durante todo el ritual converso con el río, le pido permiso de hacer las cosas, como quien le pide permiso a la su madre para salir de noche, hablo de las intenciones con que realizo mi ritual y mi performance y me presento ante él como quien se presenta ante una persona mayor, con respeto, con suavidad, con educación.

HUMAN DOG

HUMAN DOG
por: Ana Karen García Vara

Cuando vamos caminando por el parque del río Atoyac, ese espacio creado en la ciudad de Puebla junto a uno de los ríos más contaminados, normalmente nos fijamos en cosas muy comunes: los árboles, flores, el río en sí, la basura que se encuentra, edificios, casas. Todo aquello forma parte del entorno de esa zona. Sin embargo, dejamos a un lado una parte sumamente importante: los animales. ¿Qué ha pasado con la vida animal en esta parte? ¿Podemos encontrar peces en ese río contaminado? ¿Las aves se acercan a beber de las aguas negras y hediondas? ¿Y qué me dicen de los perros, animales que podemos encontrar en grandes cantidades por toda la ciudad? ¿Qué papel juegan ellos? ¿Cuál es el comportamiento de un perro callejero a uno que tiene una familia humana y es “educado” por la misma? Estas y muchas otras preguntas podemos hacérnoslas cuando vayamos a este lugar, observemos, analicemos y saquemos nuestras propias conclusiones. Es así que me di a la tarea de hacer justamente todo lo anteriormente mencionado y resolver una pregunta que me surgió en medio del paseo, ¿cuál es nuestra relación con el animal?

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Partí de esta pregunta por un par de documentales que vi y que me hicieron pensar diferente acerca de nuestra relación con los animales, estoy hablando de Grizzly Man de Werner Herzog y Blackfish de Gabriela Cowperthwaite. En ambos documentales se muestra la interacción de los seres humanos con animales que son considerados peligrosos, osos y orcas, y cómo esta relación que queremos lograr con la naturaleza en varias ocasionas nos lleva a cruzar fronteras que no deberían ser cruzadas. En el caso de Grizzly Man, Timothy Treadwell se infiltra dentro del territorio de los osos pardos para mostrar al mundo que son animales hasta cierto punto pacíficos y con los que podemos llevar una relación cordial, sin embargo, termina siendo devorado por uno de los osos. En el caso de Blackfish, vemos el tema de las orcas dentro de los parques acuáticos y como los entrenadores dicen llegar a tener una relación afectiva con esos animales, juegan con ellos, los entrenan, les dan de comer, los cuidan, y aun así todo el documental gira en torno al caso de una entrenadora “asesinada” por una de esas orcas. Estos documentales parecen apuntar a que hay barreras que no podemos ni debemos traspasar ya que al hacer eso violamos ciertas reglas tácitas que existen entre especies. Ahora, ¿por qué la relación de estos documentales con mi experiencia en el río Atoyac? Justamente porque me hizo cuestionarme la relación que tenemos con los perros, animales que tomamos como mascotas y en muchas ocasiones se vuelven en partes vitales de nuestra vida.

Decidí ir a caminar un domingo al parque del río Atoyac, me dije a mi misma que me iba a dedicar a observar todo aquello que pasara, absorber todo lo que mis ojos pudieran ver y, sobretodo, fijarme en cómo era la relación de la gente, perros y su alrededor. Uno pensaría que esto es tedioso, pasar horas y horas viendo qué sucede a tu alrededor, sin embargo, es sumamente interesante lo que uno puede llegar a ver. Emprendí entonces mi labor, observé como varias personas llevaban a sus perros por un paseo o simplemente se sentaban en el pasto y dejaban al perro andar cerca de ahí, siempre con la correa puesta por supuesto y con una bolsa junto en caso de que su querido animal decidiera dejar algún “regalo” por el camino. Aun así, pude observar que varias personas estaban constantemente regañando a estos animales. La razón parecía ser que se acercaban de más a las “fronteras” con el río, es decir, a aquellos señalamientos que indican que no se puede traspasar esa parte, que te mantengas alejado. Los dueños, como buenas personas que se preocupan por el bienestar de sus mascotas, hacen caso a estas señales y tratan de mantener a sus queridos amigos caninos fuera del peligro que representa el río y sus orillas. Hasta cierto punto esto parece normal, nos preocupamos por nuestras mascotas y les hablamos como si fueran humanos. Ahí es donde en mi mente comienza a formularse la pregunta, ¿por qué nos comunicamos con nuestros perros como si fueran humanos? Traté de escuchar a las personas que iban con perros y todas, sin excepción, tenían la misma actitud, le hablaban a los perros como si fueran niños pequeños, formando largas oraciones como “ven acá, no vayas para allá, ¿qué no ves que te puedes caer?” o “muévete más rápido, no te voy a estar jalando todo el camino” esperando o suponiendo que éstos los iban a entender.

Los perros son vistos como animales que pueden convivir con el ser humano hasta tal punto que les podemos confiar nuestra vida sin temor a que nos vayan a “traicionar”. Estos animales se vuelven, en algunos casos, tan especiales que heredan fortunas, se vuelven un integrante más de la familia y creamos lazos tan fuertes con ellos que muchas veces la línea que hay entre “nosotros” y “ellos” empieza a desvanecerse. Como en el caso de Grizzly Man, se esta tratando de acercarse a una otredad, sin embargo, lo hacemos de un modo distinto ya que no somos nosotros los que nos queremos convertir en perros, sino que estamos convirtiendo a los perros en humanos. Poco a poco vamos dándoles más y más características humanas: casa, ropa, juguetes, joyas, comportamientos (tenemos los ejemplos de perros que bailan salsa, caminan en dos patas, contestan el teléfono, hacen labores del hogar, etc.) y buscamos incluso que tengan los mismos derechos que los seres humanos. Sin embargo, cuando estamos en el parque se nos pide expresamente que los animales se encuentren con correas y bajo control, pues sabemos que como cualquier animal, pueden llegar a ser agresivos y atacar a los humanos. Tenemos una dicotomía ahí entre el querer que los perros formen parte de nuestra sociedad humana pero al mismo tiempo los queremos mantener bajo control, queriendo recordar que no son humanos y sus conductas son diferentes.

Ahora, cómo podemos unir este caso con el texto de Guattari. Algo muy importante que podemos leer en su texto es lo siguiente: “Hoy menos que nunca puede separarse la naturaleza de la cultura, y hay que aprender a pensar <> las interacciones entre ecosistemas, mecanosfera y Universo de referencia sociales e individuales”(p. 33), es decir, que debemos de dejar de pensar todo por separado y empecemos a ver todo como una cadena en la que unos afectan a otros. En nuestro caso, por un lado tenemos nuestro medio ambiente, el espacio en el que se desarrolla nuestra pequeña historia, es decir, el parque del Atoyac, intervenido por el hombre, entiéndase en este caso instituciones políticas y de poder, de tal manera que lo delimitó y re-creó para ciertos fines. En cuanto a relaciones sociales, tenemos claramente aquella del hombre con los seres caninos que adopta como mascota. La interacción con el medio ambiente se da en cómo estas personas reaccionan a las señales de advertencia en el camino y como en su psique las hace conscientes del peligro que puede haber si sus perros cruzan esa línea, esto por un lado y por el otro con las autoridades que piden expresamente que los caninos vayan con correas, no sueltos, por seguridad pero, seguridad de quién ¿de los perros o de las personas que están alrededor? Por último la subjetividad de aquellas personas que al ver los señalamientos en el parque no se cuestionan el por qué deben tener amarrados a sus perros, muchos de ellos, quiero pensar, consideran a esos animales como parte de su familia y se preocupan por ellos, quiero imaginar que es por eso que no se ponen a cuestionar el uso de correas pero, ¿acaso usan correas con sus hijos pequeños para que no se vayan a meter al río? Tal vez sea una comparación algo ilógica, sin embargo, tomando en cuenta que lo que se busca en un perro es ese comportamiento humano, no veo por qué no se pueda hacer dicha relación. Ellos no van a entrar a un cuestionamiento sobre eso, así que lo que espero es que ustedes, lectores, sean los que lo hagan, cuestiónense acerca de esa dicotomía que existe entre el tratar al perro como un humano pero sin considerarlo como tal.

En conclusión, el hecho de que queramos entender al otro no significa que podamos alejarlo de su territorio existencial y traerlo al nuestro porque siempre comentemos el grave error de querer adaptar a esa otredad a nuestros parámetros sin considerar, en muchos casos, que eso significa restringir y re-significar al otro bajo nuestra mirada. Podemos llegar a crear lazos muy fuertes con algunos animales más que con otros, pero no deberíamos olvidar que hay diferencias insalvables entre nuestras especies si queremos actuar con responsabilidad.