Mirando alrededor:

. . . dónde estamos, y dónde podríamos estar ***

“Cuando se lleva la investigación sobre la pertenencia a una práctica artística participativa, puede llegarse a imaginar la visión colectiva del lugar, una que nos haga entender hasta qué punto los habitantes humanos están involucrados en el medioambiente, además de ser simplemente sus invasores (aunque esto también debe tenerse en cuenta).” ( 54)

 

“Debemos profundizar en el conocimiento de nuestras relaciones con los demás, como parte de una ecología cultural, y tomar conciencia de nuestra posición como artistas y trabajadores y trabajadoras culturales respecto a problemas tales como la falta de vivienda, el racismo y el derecho a la tierra, al agua, a la propia cultura y a la religión, hayamos o no trabajado alguna vez directamente con estos asuntos. Debido a sus vinculaciones mutuas, el hecho de ignorar uno de estos problemas supone no entender los demás. No obstante, esta toma de conciencia requiere una extensa investigación visual y verbal (y local) que no está incluida en la educación artística tradicional.” (56)

“De un modo interdisciplinar y multicultural, esta línea de investigación y producción se relaciona con contextos y contenidos, en lugar de con estilos y corrientes.” (59)

 

“El arte mismo, como chispa desmaterializada, como acto de reconocimiento, puede convertirse en un catalizador en todas las áreas de la vida una vez que se separa del confinamiento cultural de la esfera del mercado. La redefinición del arte y del artista puede ayudar a sanear una sociedad alienada de sus fuerzas vitales.” (68)

 

“Para cambiar las relaciones de poder inherentes en el modo en el que el arte se produce y distribuye en la actualidad, necesitamos continuar buscando nuevas formas enterradas como energías sociales aun no reconocidas como arte. Algunos de los intentos más interesantes son aquellos que reenmarcan prácticas artísticas o lugares no-necesariamente-artísticos mirándolos a través de los ojos del arte. Ésta, también, es una idea que tuvo origen a mediados de los años 60. En esa época, ese “mirar al entorno” era el resultado de un rechazo al arte como “objeto precioso”, como una cosa más con la que llenar el mundo. La idea consistía entonces en mirar hacia lo ya existente en el mundo y transformarlo en arte por el proceso de ver, nombrar y señalar en lugar de producir” (68)

 

“Volviendo a la noción de lugar, el arte no puede ser un instrumento para centrar y enraizar a menos que sea el artista mismo quien se centre y se arraigue. Esto no quiere decir que las personas alienadas, desorientadas, nómadas (por ejemplo, la mayoría de nosotros) no puedan hacer arte. Pero un cierto tipo de lugar, aunque sea portátil, debe yacer en nuestro interior. Quizás podremos ser lo suficientemente afortunados como para poseer un pedazo de “naturaleza” al que hincar el diente. Quizás la ciudad nos sea lo suficientemente satisfactoria. Quizás el estudio sea la guarida donde lamemos nuestras heridas, concebimos nuestras imágenes, planeamos nuevas estrategias y reunimos las fuerzas necesarias para salir de nuevo con fuerza. Quizás las limitaciones de la galería de marfil y de las páginas de las revistas de arte están impidiendo el desarrollo de un arte que sueña con lanzarse sin miedo a las calles, a lo desconocido, con encontrarse y mezclarse con otras vidas.” (70)

“El artista es o debería ser generoso. Pero sólo pueden dar lo que reciben de sus fuentes. Creyendo como creo que la conexión con el lugar es un componente necesario y fundamental para sentir de un modo cercano a la gente, a la tierra, me pregunto qué lograría hacer posible que los artistas “devolvieran” los lugares a las gentes que hace tiempo que no los ven. Porque la tierra unida a la gente, su presencia y su ausencia, es lo que hace resonar el paisaje. Las alternativas tienen que surgir orgánicamente a partir de las vidas y las experiencias de los artistas. Y no lo harán a menos que quienes están explorando estos “nuevos” territorios creen un amplio conjunto de opciones. El artista debe participar en el proceso tanto como dirigirlo, tiene que “vivir allí” de algún modo: físicamente, simbólicamente o empáticamente.” (71)

*Pasajes de Lucy Lippard, “Mirando alrededor: dónde estamos y dónde podríamos estar”,

traducción de Paloma Blanco, p. 51-71 de Modos de hacer. Arte crítico, esfera pública y acción directa,

Ediciones Universidad de Salamanca, 2001.

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